Cuando la vida nos pone a prueba

Superar, aprender y crecer

Vivimos tiempos difíciles, no hay duda. Supervivientes maltrechos de una profunda crisis económica nos cayó del cielo una pandemia. El escenario se oscureció de pronto y a muchos nos dejó a solas con nuestros pensamientos, nuestros problemas y una tonelada de incertidumbre, cuando no de miedo y/o ansiedad. Mucho se ha escrito sobre la montaña rusa emocional y las dificultades a las que tenemos que enfrentarnos en esta crisis del Covid19, tanto de forma individual como colectiva. Los contextos y circunstancias de cada quien son determinantes en cada caso y en cada casa. El confinamiento nos impuso un escenario existencial desconocido en el que podemos enumerar un montón de escollos. No fue lo mismo para quien enfermó o perdió a algún ser querido que para quien tuvo que enfrentarse a problemas laborales o familiares, pero todos, todos, nos vimos obligados a sacar fuerzas de flaqueza.

 

Las necesidades cambiaron y tuvimos que poner todas nuestras fortalezas a trabajar a favor de obra: superar, aprender y crecer.

 

Hayes, Strosahl, y Wilson, en su libro “Terapia de Aceptación y Compromiso: proceso de práctica del cambio consciente (Mindfulness)”, (2014) definen la flexibilidad psicológica como la capacidad de contactar plenamente con el momento presente, con los pensamientos, sensaciones y emociones que contiene, sin necesidad de defensa; la capacidad de, dependiendo de las circunstancias, cambiar o persistir en el comportamiento con el objetivo de alcanzar fines valiosos. Hoy más que nunca necesitamos esa flexibilidad, esa capacidad de cambio en un mundo cambiante. La rigidez con la que nos aferramos a nuestras inercias de pensamiento y conducta, a nuestras rutinas y estilos de vida, hoy imposibles en aras de la salud pública, están siendo nuestro peor enemigo y causa de un sufrimiento adicional. Vivir el momento presente no resulta halagüeño en estos días; pero hemos de afrontar ese presente y el futuro desde la perspectiva, social e individual, de lo que nos es valioso. La crisis que vivimos nos ha puesto en contacto directo con la inherente vulnerabilidad que caracteriza al ser humano. Tal vez en los últimos cuarenta o cincuenta años, como sociedad, nos creímos invulnerables; pero la realidad nos ha devuelto esa crudeza de la vida que oímos narrar a nuestros mayores, nuestros grandes maestros de superación que tan maltratados estas siendo por esta pandemia.

 

Huir de nuestro malestar solo lo acrecienta. El afrontamiento, la superación, la adaptación a todo lo que nos está aconteciendo solo puede hacerse desde la aceptación serena y la flexibilidad. Defenderse de ese malestar, intentar evitarlo, es estéril; solo nos agota y nos pone más en riesgo. La luz al final del túnel la ponen nuestros valores, lo que nos importa en la vida, lo que nos mueve y tira de nosotros aún a pesar del abatimiento, el cansancio, la tristeza o la angustia.

 

Estas podrían ser las claves y en ellas se esconde la resiliencia, como piedra clave y pilar fundamental de la salud integral de la persona, de su capacidad de afrontamiento y crecimiento. Este concepto podría ser la punta del iceberg de todo lo que, desde la ciencia, hoy sabemos sobre el ser humano, su psique, su salud, su adaptabilidad y su potencial de crecimiento. En él confluyen conocimientos y entrenamientos de inteligencia emocional, de hábitos de vida y su influencia en la epigenética, apego, personalidad, espiritualidad, autoconocimiento y autoestima, sesgos y distorsiones cognitivas, habilidades sociales, prosocialidad, moralidad, bienestar y felicidad. La psiconeuroinmunoendocrinología se nos presenta como la ciencia de la salud integral, del bienestar y la adaptación al medio de los seres humanos. Mindfulness como una herramienta eficaz de autoconocimiento, aceptación y autocuidado; sin olvidar que somos en tanto en cuanto pertenecemos al grupo, a la especie, a la humanidad, seres sociales en los que el crecimiento o es interpersonal o es simplemente ego. La flexibilidad, la cognitiva, la emocional y la conductual, es, en este sentido, hermana de la resiliencia. Solo desde esa flexibilidad puede el junco enfrentarse al vendaval sin fracturarse.

 

Todo ello forma un puzle en el que cada pieza es esencial para la construcción de una personalidad capaz de encarar y vivir la vida de una manera saludable, resistente y resiliente.

 

La crisis del SARS-CoV-2 ha venido a dar visibilidad a esta fortaleza humana. El confinamiento, la desescalada y la gran crisis mundial que nos sobrevuela, la convierten en la herramienta prioritaria para poder seguir adelante, tanto desde el punto de vista personal como social.

 

Vivimos tiempos difíciles, decíamos, en los que nos toca aprender, quizá como nunca antes, a autogestionarnos, a arrimar el hombro y a velar por la salud integral, la propia y la de todos. Todo un reto para cada uno de nosotros y para la humanidad. Quizá, como nunca antes, tengamos que repensar todo el conocimiento que tenemos sobre la psique humana y ponerlo a trabajar, todos y cada uno de nosotros, en aras del bien común. Esta es nuestra apuesta desde el Instituto Psicobiológico.

 

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